Ciencias de la Salud


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¿Usas o abusas de la tecnología?

Creado por CEU el 04 de julio de 2019

DEPENDENCIA1

Una calle del centro de Madrid. En una terraza, Felipe, un joven ejecutivo de una empresa emergente, toma un café mientras trata de responder a los correos que se acumulan en su bandeja de entrada. Él no se da cuenta, pero su café ya está frío. Cruzando por la acera, tan solo a unos metros, se encuentra Martina. Con paso ligero y gran habilidad, sortea al resto de viandantes que entorpecen su paso. Cuenta con el tiempo justo para llegar puntual al trabajo. Eso no le impide conversar animadamente con su amigo Fermín, intercambia con él mensajes de voz por Whatsapp. Avanza tan rápido que no se percata de que acaba de estropear el “selfie” de Hugo, un estudiante de bachillerato cántabro que visita por primera vez la ciudad en un viaje de estudios. No supone para él una gran pérdida. Hugo necesitaba hacer algunas pruebas más para encontrar el encuadre perfecto. Esta es solo una escena frecuente en la rutina de cualquier ciudad. La tecnología está cada vez más presente en nuestras vidas, pero ¿hasta qué punto sabemos hacer un buen uso de ella?

Hace poco, la Dirección General de Tráfico, junto con la compañía telefónica Orange, lanzó una campaña para sensibilizar a los usuarios del peligro de utilizar el móvil al volante. Lo que más llamaba la atención en ella era que se dirigía también a los familiares y amigos que ni siquiera estaban en el coche. El llamamiento alertaba de que el envío de mensajes como “¿habéis llegado ya?”, “¿por dónde vas?” o, incluso, el inocente “¡buen viaje!” pueden acabar distrayendo al conductor y contribuyendo a que este tenga un accidente.

Este es tan solo una de las muchas señales que nos invitan a reflexionar, una vez más, sobre nuestra  estrecha relación con las nuevas tecnologías. ¿Sabemos utilizarlas bien? ¿Invertimos más tiempo del recomendado en ellas? ¿Estamos desarrollando una dependencia hacia estos dispositivos? Para encontrar respuesta a estas y otras preguntas, buscamos ayuda en la opinión experta de Cristina Noriega Garcia, profesora del Departamento de Psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo y terapeuta familiar del Servicio de Terapia del Instituto CEU de Estudios de la Familia.

¿Una adicción?

A la hora de acotar este concepto, la doctora en Psicología especifica que el DSM5 –la clasificación de trastornos mentales que utilizan psicólogos y psiquiatras– no reconoce la dependencia de las nuevas tecnologías como una adicción, aunque se pueda observar en ella ciertas similitudes con las adicciones a sustancias. Noriega apunta que aún falta mucha investigación en este sentido y es importante conocer bien antes cuál es el origen, para discernir hasta qué punto puede considerarse una adicción o no. Ella prefiere utilizar términos como uso inadecuado o excesivo.

Esta especialista defiende que las nuevas tecnologías son un gran avance, pero es necesario también saber utilizarlas: “El problema no está en usar o no usar, sino en el uso adecuado o inadecuado”. Este último se detecta, generalmente, cuando la persona dedica un número elevado de horas a su uso y hay una afectación significativa de las distintas áreas de su vida, por ejemplo: existen síntomas de ansiedad, malestar o irritación al no poder utilizar el dispositivo al momento, no se duermen las horas suficientes por utilizarlo de noche, la relación de pareja se ve afectada o el entorno se queja del uso excesivo que se hace de él.

Menores y tecnología

Hace unos meses, la Organización Mundial de la Salud difundió unas recomendaciones sobre la actividad física de los niños, en las que también se recogía el tiempo que debían pasar los niños expuestos a las pantallas. En ellas, se aconsejaba que los niños de entre dos y cinco años pasaran como máximo una hora al día y los menores de dos años ninguna. Esa es la teoría, pero en la práctica, muchos padres encuentran en dispositivos como tabletas o teléfonos móviles una ayuda para que los infantes se porten bien, se distraigan o se calmen.

Preguntamos a Noriega si se debería evitar este tipo de conductas: “Si se utiliza de una manera puntual, no pasa nada. Si se utiliza de manera sistemática lo que se está transmitiendo al niño es que tiene que montar una rabieta para conseguir lo que quiere, y no va a aprender que hay veces en la vida que tiene que esperar y no puede conseguir las cosas al instante”. La docente subraya que también depende de la edad: “No es lo mismo un niño pequeño que uno de doce o trece años, al que incluso en el propio colegio le están pidiendo que utilice el dispositivo para hacer las tareas”.

Respecto a cuándo debería un menor tener su primer móvil, la psicóloga plantea que más que marcar una edad es necesario valorar cuál es el nivel madurativo del niño para comprobar si tiene la capacidad de autorregularse. Al principio, los padres tendrán que acompañarle en este proceso controlando las horas, los programas a los que accede, etc. Luego, poco a poco, será este el que vaya autorregulándose y determinando el tiempo que se conecta, los programas que ve o las aplicaciones a las que se suscribe.

Siempre conectados

Noriega señala que lo que resulta tan atrayente de estos dispositivos tecnológicos es la inmediatez. Si alguien necesita algo, lo puede conseguir al momento. ¿Quiere conocer una información? La recibe al instante. ¿Está aburrido? Se conecta al móvil y se entretiene. Asimismo, estos dispositivos permiten a sus usuarios estar conectados de manera permanente, en cualquier lugar y momento.

Desde el punto de vista relacional, la profesora explica que se está perdiendo una parte presencial. Los móviles permiten estar en contacto con personas con las que no se puede quedar todos los días, pero también se deja de llamar y, muchas veces, la conversación se reduce a un simple mensaje de Whatsapp. En situaciones como estas, las relaciones se empobrecen. Noriega pone el ejemplo de un individuo que tiene dificultades en las relaciones y que, a través del móvil, se siente más cómodo al interactuar con los demás. Si no sale al mundo a conocer personas, no añade esa parte presencial y se verá muy limitado.

¿Qué hacer entonces cuando se detecta un uso inadecuado de estos dispositivos? En primer lugar, la terapeuta explica que no se puede ayudar a una persona que no es consciente de que tiene un problema. Es preciso tratar de que entienda que está haciendo un uso inadecuado que tiene un impacto en su día a día. Una vez que se da cuenta, entra en juego la parte psicoeducativa. “La diferencia que suele haber entre nuevas tecnologías y consumo de sustancias es que, en el consumo de sustancias, normalmente, se recomienda que no se realice el uso. Si consume cocaína, lejos de ella y de las personas que la consumen. En cambio, en nuevas tecnologías eso es inviable”. En este caso, hay que establecer unos límites, para que, poco a poco, se vaya aprendiendo cuál es el uso adecuado. Por último, es posible que exista algún problema de fondo. Noriega matiza que no siempre es así, pero hay casos en los que la persona puede estar pasando por una situación conflictiva, un mal momento o una depresión, y puede encontrar en la nueva tecnología una vía de escape. De ser así, será necesario ir a la raíz.