Ciencias de la Salud


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¿Te duele la mandíbula? Mitos frecuentes acerca de la Disfunción temporomandibular

Creado por Tomás Pérez el 15 de noviembre de 2019

Puede que hayas llegado hasta aquí porque te han diagnosticado un trastorno temporomandibular, una alteración que cursa con dolor en la cara lateral del rostro, que puede extenderse hacia la cabeza o la mandíbula, afectando al movimiento de esta y en ocasiones, acompañado de ruidos extraños durante el movimiento. Se denomina así, porque la articulación que utilizamos para mover la mandíbula respecto al cráneo, se llama articulación temporomandibular, y gracias a ella podemos masticar, tragar, hablar e incluso, interviene en la respiración.

Es habitual que muchos pacientes se dirijan a su fisioterapeuta o su odontólogo para consultar sus dudas acerca de su disfunción temporomandibular, y con frecuencia encontramos que muchas de estas cuestiones responden a falsos mitos inculcados, en ocasiones, por profesionales de la salud que no atienden a los datos e investigaciones más recientes (y no tan recientes).

Closeup portrait young woman with sensitive tooth ache crown problem about to cry from pain touching outside mouth with hand isolated blue background. Negative emotion facial expression feeling

¿Este trastorno que padezco es por culpa de mis dientes?

Uno de los mitos más frecuentes es la creencia de que los trastornos o disfunciones temporomandibulares están relacionados o se ocasionan por alteraciones o cambios en la oclusión dental, es decir, la forma en la que colocamos los dientes al cerrar la boca. Pues bien, ni la oclusión tiene asociación alguna en la gran mayoría de las ocasiones, ni las alteraciones de ésta influyen en este trastorno de la mandíbula, ya que el trastorno temporomandibular es considerado hoy en día cómo una condición musculoesquelética de causa multifactorial, por lo que el comienzo de sus signos y síntomas raramente es atribuible a un único factor, como podría ser, por ejemplo, un traumatismo directo, lo cual es infrecuente en la mayoría de los pacientes que padecen trastornos temporomandibulares.

 

El diagnóstico acertado, ¿Son necesarias las pruebas médicas siempre?

Otra de las cuestiones más habituales que presentan las personas aquejadas de esta patología, es la creencia de que una prueba de imagen o alguna intervención exploratoria invasiva de la articulación temporomandibular (una artroscopia, por ejemplo) podrían encontrar la explicación a su problema. Sin embargo, ninguno de los dispositivos "tecnológicos" disponibles (electromiografía, kinesiografía, plataformas posturales, condilografía, etc.) tiene valor diagnóstico, porque generalmente los hallazgos en estas pruebas no tienen relación con los síntomas que presenta el paciente. El diagnóstico del trastorno temporomandibular debe basarse en la evaluación clínica y la toma de antecedentes del paciente. Ninguna prueba adicional aportará nada más que información complementaria, pero no suple lo anterior. Hay que tener en cuenta por otra parte que, como en otras muchas condiciones que conllevan dolor persistente, sabemos que las personas aquejadas de trastorno temporomandibular muestran elevados niveles de “catastrofización” (temor a no recuperarse debido a informaciones recibidas o experiencias pasadas, propias o ajenas, en las que el resultado no fue positivo), por lo que se ha de extremar el cuidado con las expectativas puestas tanto en la pruebas exploratorias cómo en las intervenciones que se realizan sobre ellos, para no crear dinámicas negativas que aumenten las creencias infundadas.

 

¿Y qué es lo mejor que puedo hacer para mejorar este trastorno?.

Respecto al tratamiento, cómo se ha mencionado al principio, el trastorno temporomandibular generalmente obedece a un origen multicausal, y según la información de la que disponemos actualmente, rara vez se centra en una sola cuestión que explique su desencadenamiento, por lo que el tratamiento debería ser también multimodal, tratando de recuperar las funciones normales mediante la terapia conservadora en primer lugar (donde por cierto, la FISIOTERAPIA ocupa un lugar destacado). Generalmente, el abordaje conservador debe centrarse en el manejo de los síntomas. Esta es la vía de actuación más actual y que mejores resultados ha mostrado en relación a los parámetros de mejora de la función y el movimiento, así como en la disminución del dolor.

 

El manejo de los síntomas generalmente se puede lograr mediante enfoques conservadores y reversibles, como son el asesoramiento y educación al paciente, la fisioterapia, tratamientos de modificación de conductas no beneficiosas o hábitos que pueden influir negativamente, dispositivos orales (férulas) en casos muy concretos, y la farmacoterapia para el control del dolor.

 

Las modificaciones de la oclusión dental (ortodoncia, prostodoncia, ajustes oclusales, etc.), así como las cirugías que tratan de modificar la articulación de la mandíbula, no han demostrado ser más eficaces que la combinación de los tratamientos más conservadores anteriormente expuestos, ni para el tratamiento ni para la prevención del trastorno temporomandibular. En este sentido, un capítulo muy especial merecen los dispositivos confeccionados para colocar sobre los dientes conocidos como férulas de “descarga”. Estos dispositivos, sólo deberían emplearse en aquellos casos donde existe un exceso de movimiento mandibular o dificultad del paciente para controlarlo (por producirse, por ejemplo, durante el sueño), y sólo como medio de contención para la protección del esmalte de los dientes, los cuales son esenciales para la función masticatoria. No se ha demostrado que contribuyan a eliminar o reducir la actividad de la musculatura mandibular ni los movimientos anómalos, y deben ser siempre confeccionadas por el profesional adecuado, el odontólogo.

 

REFERENCIAS:

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