Ciencias de la Salud


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El polen “agresivo” vive en la ciudad contaminada

Creado por CEU el 05 de marzo de 2019

por qué la contaminación multiplica los casos de alergia?

En 1819, John Bostock, médico inglés nacido en Liverpool, se convirtió en la primera persona en describir a la comunidad científica un caso de alergia al polen. Se trataba del suyo propio. Durante los nueve años siguientes de su vida, estudió la enfermedad que acabaría bautizando como “fiebre del heno”, pues no señaló directamente al polen como su desencadenante. Solo fue capaz de encontrar 28 casos significativos en el transcurso de su investigación. Dos siglos después, el escenario ha cambiado sustancialmente. La alergia al polen se ha convertido en uno de trastornos inmunológicos más frecuentes en el ser humano. ¿Qué factores han influido en que los casos de alergias se hayan disparado exponencialmente en las últimas décadas? ¿Hasta qué punto tiene esta situación relación con la contaminación?

Resulta por lo menos curioso comprobar cómo la actual teoría de la higiene, que vincula la propensión a las alergias a la falta de exposición a gérmenes en la temprana infancia, explicaría el escaso número de pacientes que Bostock encontró en su estudio. Por aquel entonces, la “fiebre del heno” era una enfermedad que afectaba particularmente a miembros de la aristocracia. Serían ellos los que con mayor probabilidad estarían menos expuestos a estos organismos microscópicos.

Efectos colaterales de la contaminación

Ante la falta de estímulos “adecuados”, el sistema inmunológico reacciona de forma exagerada a sustancias inocuas como son los pólenes, ácaros o pelos de animales. Esta tesis basada en los efectos de una higiene exigente explica la mayor prevalencia de alergias en el escenario actual, pero solo lo hace en parte. La contaminación atmosférica también juega un papel determinante. El alergólogo y director de la Clínica Subiza, Javier Subiza, apunta que hay estudios que prueban que, pese a que la concentración del polen sea exactamente la misma en ambas áreas, el número de pacientes alérgicos a los pólenes en las zonas cercanas a la autopista es tres veces mayor al de las zonas de interior:

Esto nos da una idea de hasta qué punto los polucionantes son capaces de favorecer la sensibilización a los pólenes”.

Este fenómeno se debe, en gran parte, a la alta concentración de partículas diésel. Por un lado, estas partículas contribuyen a que las plantas produzcan un polen que puede llegar a ser hasta veintisiete veces más alergénico. Por otro, actúan sobre la mucosa respiratoria y producen un efecto pro-inflamatorio que hace que la respuesta nasal al polen sea mucho más agresiva. El doctor Subiza asegura que la presencia de estas partículas es clave para que personas que normalmente no sufrirían esta patología acaben desarrollándola:

“Si no hubiera esas partículas diésel en la ciudad, muchas personas no se habrían hecho nunca alérgicas”.

El cambio climático también está influyendo en que el porcentaje de casos de alergia aumente. El CO2, principal gas involucrado en el efecto invernadero, ayuda a que las plantas crezcan más y produzcan un polen más alergénico. A su vez, el calentamiento global está favoreciendo que las primaveras sean más largas y la polinización empiece antes.

“Cuando empecé a trabajar en los años 80, la alergia estacional era un problema de tres o cuatro semanas. Ya era un problema importante entonces –apunta el alergólogo– pero muy corto en el tiempo. En la actualidad, la alergia a los pólenes en Madrid se ha convertido en un problema de cinco a seis meses como poco”, expone el director de la clínica.

El especialista señala que cuando se habla de contaminación, pronto se piensa en coches diésel y calefacciones, pero también existe la polución interna. Esta procede fundamentalmente del tabaco, y perjudica particularmente a las personas que padecen alergias. En concreto, el humo de segunda y de tercera mano (el que queda impregnado en la ropa) pueden agudizar los casos de asma. El alergólogo recomienda a estos pacientes no solo protegerse de la contaminación que hay fuera de casa –por ejemplo, con mascarillas de carbón activo y lavados sinusales–, también de la que se encuentra dentro; la que procede de las cocinas de gas, de los barnices y pinturas que producen formaldehído o del humo de tercera mano que se adhiere a los textiles.

Un problema de salud de primer orden

El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo y profesor en Alergología, Tomás Chivato, advierte que este incremento del número de casos de alergia, debido en parte a la contaminación, no es una cuestión menor:

Hablamos de una auténtica epidemia, no infecciosa, de enfermedades alérgicas respiratorias. Por dar una cifra, a nivel de Europa, hay más de 150 millones de europeos con alergia. En España, estamos ya cerca del 40% de la población con algún tipo de alergia”.

El especialista puntualiza también que, aunque es cierto que son más frecuentes las alergias respiratorias, también están aumentando las alimentarias.

El principal problema de estas enfermedades es que son crónicas. El docente especializado en alergias explica que algunas se pueden controlar con vacunas o con tratamientos con los nuevos fármacos biológicos, pero son enfermedades que duran mucho tiempo y que afectan enormemente a la vida de quienes las padecen:

“El paciente no puede dormir con normalidad, se cansa con facilidad, disminuye la productividad laboral y el rendimiento académico, si se trata de un joven estudiante. Son procesos que afectan mucho a la calidad de vida de los pacientes y, en el caso de los niños, también a la de los familiares”.

El doctor en Medicina sostiene que la situación ha cambiado y ahora los pacientes pueden manifestar síntomas de alergia durante todo el año, por ello, subraya la importancia de que se mantengan bien informados. Recomienda a los pacientes alérgicos consultar los niveles de pólenes en páginas como www.polenes.com o www.seaic.org. Señala también que es importante que sepan qué fármacos tienen que utilizar:

“Hay que hacer tratamientos personalizados, cada vez vamos más a una medicina de precisión”.

Si practican deporte al aire libre, la mejor hora para hacerlo es al medio día. Por la mañana o a última hora de la tarde es cuando más polen hay a ras de suelo.

El decano de la Facultad de Medicina sostiene que algunos factores pueden ayudar a prevenir el desarrollo de alergias, por ejemplo, disminuir el consumo de tabaco en términos generales. Alerta sobre su consumo en lugares donde hay niños, porque cuando estos están expuestos al humo desarrollan con mayor facilidad alergias respiratorias. Otro factor preventivo, expone el experto en alergias, es potenciar la lactancia materna:

Está demostrado que los niños que toman lactancia materna cerca de seis meses es más difícil que tengan dermatitis atópica o que desarrollen una alergia alimentaria”.

Estas son solo unas breves nociones sobre las alergias, en particular sobre su relación con la contaminación. A aquellos lectores que estén interesados en conocer más sobre este tema, el decano Tomás Chivato les recomienda consultar “El libro de las enfermedades alérgicas”–se puede descargar gratuitamente en www.seaic.org y www.fbbva.es.